VIOLENCIA Y DESPLAZAMIENTO EN COLOMBIA
VIOLENCIA Y DESPLAZAMIENTO EN COLOMBIA
1. La violencia en las zonas rurales y el desplazamiento
La violencia en las zonas rurales está intrínsecamente ligada a la producción y control del espacio, la disputa entre actores armados (guerrillas, paramilitares y fuerzas estatales) por el control de recursos estratégicos, rutas de narcotráfico y territorios con valor político y económico. Esta violencia sistemática se manifiesta en secuestros, desapariciones forzadas, homicidios, masacres, desplazamiento forzado, intimidación, pánico generalizado, bloqueos económicos, hurtos y quema de cosechas y viviendas (Cuartas, G., 2015, p. 25). Esta violencia genera un ambiente de terror que desestructura las comunidades campesinas, afro e indígenas. El desplazamiento es una estrategia deliberada para vaciar territorios y reconfigurar su ocupación. Las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes son expulsadas de sus tierras a partir de los actos de violencia anteriormente mencionados, lo que permite a los actores armados apropiarse de territorios ricos en recursos naturales o estratégicos para sus operaciones. Con esto, la pérdida del territorio implica no sólo la pérdida de medios de subsistencia, sino también la ruptura de vínculos sociales y culturales arraigados en el espacio rural. El desplazamiento contribuye a la urbanización forzada, donde las víctimas llegan a las ciudades en condiciones de precariedad y marginalidad, lo que agudiza las desigualdades sociales. Las geografías de la guerra y geografías de la esperanza por Gloria Cuartas sin duda es una invitación a deconstruir nuestra propia esperanza. De esta manera, entender que lo local puede resolver los problemas de la paz, que la comunidad puede resolver los problemas estructurales per se. Es imperante trabajar con las comunidades para reconstruir la espiritualidad y el tejido social, estableciendo resistencia ante la imaginación hegemónica impuesta en las zonas rurales.
2. El vaciamiento de campesinos de zonas rurales
El vaciamiento de campesinos en zonas rurales responde a una lógica de reordenamiento territorial (Esta idea está ampliamente documentada en estudios sobre el conflicto armado en Colombia. Autores como Alfredo Molano en Desterrados: Crónicas del desarraigo (2001), y Darío Fajardo en Tierra y poder político (2002), y la misma Gloria Cuartas en Geografías de la guerra y territorios de resistencia (2015), han analizado cómo la violencia en el campo no es aleatoria, sino que busca reconfigurar el territorio para beneficiar a actores armados, empresas agroindustriales, mineras o de infraestructura), impulsada por intereses económicos y políticos. Los territorios vaciados son luego ocupados por actores armados o por intereses privados que explotan los recursos naturales o consolidan proyectos agroindustriales, mineros o de infraestructura. Esto refleja una geografía de la guerra en la que el espacio rural se convierte en un botín de disputa. A pesar del desarraigo y desestructuración social que causa el vaciamiento de campesinos en las zonas rurales, estas comunidades han resistido durante mucho tiempo ante la guerra impuesta. Esta resistencia nos lleva a pensar la idea de la producción de espacio justo, que respete los derechos humanos. Así, hablar de justicia espacial, reparación ambiental y reparación de las víctimas.
3. Las migraciones entre zonas rurales y centros urbanos
Las migraciones entre zonas rurales y centros urbanos han marcado la historia de Colombia. Este fenómeno está influenciado por factores económicos, sociales y políticos, teniendo múltiples consecuencias. La migración puede llevar a una mezcla de culturas y tradiciones, pero también a la pérdida de identidades rurales. Así también, marginalización, ya que los migrantes a menudo enfrentan dificultades para integrarse en la economía urbana, llevando a la formación de barrios marginales y condiciones de vida precarias. En su obra Social Justice and the City (1973), David Harvey explora las desigualdades espaciales y cómo las políticas urbanas y rurales influyen en los patrones de migración. Del mismo modo, Henri Lefebvre en The Production of Space (1974) analiza cómo se producen los espacios urbanos y rurales, y cómo las migraciones influyen en estos procesos.
La migración de actores víctimas del conflicto de las zonas rurales hacia los centros urbanos representa el despojo y desarraigo cultural, la pérdida de identidad y la desconexión total con la tierra para estos sujetos que encuentran en la zona urbana un albergue que los aleje de la guerra que se vive en la ruralidad. Así pues, recuperar los lugares de la memoria política destruida podría ayudar a crear parámetros de caracterización que den cuenta de cómo se conformaron los centros poblados y barrios y sectores de las ciudades, de las relaciones de la ciudad con la zona rural, y de los procesos de producción económica. Las rutas del desplazamiento forzado, los lugares de ocurrencia de la desaparición forzada, la violación de mujeres, la concentración de la tierra, la transformación de actividad económica y relaciones de producción, muestran cómo la guerra ha creado y transformado ciudades que en un principio son ciudades refugio (Cuartas, G., 2015, p. 60).
El desplazamiento forzado me arrebató la oportunidad de crecer con mi familia en mi territorio, territorio aún azotado por la violencia. Buenaventura, allá donde vive todavía mi abuela, donde murió mi abuelo y no pude llegar a su entierro porque es muy peligroso ir por allá. La guerra desmoronó muchos de mis sueños y anhelos de vivir en armonía con las santas aguas dulces de Mamá Oshún y de crecer viendo con frecuencia a mi Madre Yemayá. Sin embargo, la guerra, al forzarme a vivir en una ciudad central como Cali en la que tengo la oportunidad de recibir educación, sembró la semilla de la resistencia en mí; la resiliencia siempre ha sido parte del Muntú. Así que, desde mi posición, la educación con resiliencia son mis armas para luchar contra la violencia estructural y sistemática. Ahora, mis reflexiones siempre serán direccionadas a trabajar con las comunidades, con las infancias que habitan las zonas rurales. La educación es la clave para generar un intercambio de conocimientos entre comunidades y profesionales académicos. Donde se pueda llegar al territorio, aprender de la cultura ancestral, y enseñar las bases teóricas metodológicas que permitan a las comunidades comprender y transformar el contexto que habitan.
4. El impacto en las ciudades receptoras de desplazados
El impacto de las ciudades receptoras de desplazados es económico, social, político, ambiental y cultural. En su obra Nación, Ciudadano y Soberano (2001), María Teresa Uribe de Hincapié ha estudiado los procesos de urbanización y desplazamiento en Colombia, analizando cómo las ciudades han absorbido a las poblaciones desplazadas y los desafíos que esto implica. Así también, en el Informe nacional del desplazamiento forzado en Colombia de 2015, cap. 3, Desplazamiento forzado y reconfiguración territorial en Colombia, se analiza cómo el desplazamiento forzado ha reconfigurado el territorio colombiano, con un enfoque en las ciudades receptoras y los desafíos de integración social y económica. Por todo lo anterior, contemplando la reparación de las víctimas, con políticas adecuadas de integración, los desplazados pueden ser una oportunidad para el crecimiento y la diversidad. Sin embargo, sin planificación, pueden aumentar las desigualdades y la presión sobre los servicios en las ciudades receptoras de desplazados.
Referencias bibliográficas:
Cuartas, G. (2015). Geografías de la guerra y territorios de resistencia. Editorial Universidad Nacional de Colombia.
Escrito por: Mosquera Moreno Katerin Fernanda
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